Wednesday, October 22, 2014

Página en Blanco

Estoy frente a la pantalla con la firme intención de escribir... y... estoy en blanco. Se me ocurren mil temas, pero cada vez que llevo un  par de líneas, pierdo el camino.
Las ideas pitan, chocan y se atropellan... y para ver aquel desorden, vienen a amontonarse los recuerdos, las canciones.... tentadoramente tentadoramente parpadean numeritos entre paréntesis que
me avisan de mensajes que me mandan las personas. Trato de concentrarme, mejor sería irme a dormir, La Pereza me trajo una taza de té, dice que no le gusta verme trabajar solo, que me acompaña hasta la hora que yo diga.
Decidí no escribir.  
Decidí meditar "sobre el papel" (la pantalla, pues)... y ponerle al espacio en blanco del monitor. Hubo un par de recuerdos que pasaron corriendo entre las patas de mi silla y se escondan bajo la puerta como si fueran cucarachas. Las ideas, decidí mejor dejarlas brotar como en la fuente, para que luego de salir a impresionar, y sin haber aportando ni desperdiciado mucho pudieran volver a fundirse en el pozo del que salieron. 
Decidí no escribir... y solo sentir lo que siento.
Pero ojo que no todos los sentimientos pueden entrar a mi casa... los sentimientos que intenten entrar por la ventana los devolví a las sombras, sin embargo está la puerta abierta para que las emociones que logren tocar, pedir permiso, y conversar se sienten a mi mesa como es debido.
Decidí no escribir nada, enfrentarme al vacío... Así como cuando se medita se deja la mente en blanco, estoy dejando esta página en blanco para que quien la lea pueda enfrentarse al vacío también. ¿Qué tal lo hice?

Saturday, October 11, 2014

Africanas- Abandonado- Lápiz- Cenicero-Maceta

La estrategia de Don Carlos era inmaculada. El comedor principal era un cuarto exquisitamente decorado, lo suficientemente grande para albergar una bufetera con gavetas de caoba, un par de trinchantes antiguos que contenían porcelanas chinas y españolas, y una mesa rectangular para 8 personas de maderas preciosas colocada de forma que quien entrara al recinto tuviera que verle los ojos a quien se sentara en la silla principal de la mesa. En la pared del fondo, detrás de la silla principal, estaban ubicadas en forma de V las máscaras africanas de madera negra que había heredado su tía, y en las esquinas resguardando sus costados, e iluminadas por los ventanales artesonados a ambos lados de la habitación habían dos grandes macetas, una blanca al lado derecho y otra negra al lado izquierdo, en ambas crecían cañas indias de tallo largo. Según decía el galeno, esas macetas, representan las columnas del templo de Salomón y aunque quien estuviera en el comedor con él no conociera su significado, la sobriedad y aire neutro de los elementos decorativos daban el mensaje de superioridad que buscaba.
Se había imaginado la película varias veces. El estaría vestido en su mejor traje, sentado en su trono. En su mano izquierda tendría una nectarina un poco verde para que el jugo no salpicara la perfección del cuadro, y en la otra, el puñal antiguo de su padre.
Al entrar por primera vez el pretendiente de alguna de sus hijas, el olor al tabaco de la pipa de espuma de mar que tendría encendida en el cenicero victoriano recibiría al indeseable mocoso. El humo de la pipa y la luz tenue de las ventanas, aportarían un aura oscura a la imagen del padre de la pretendida, cualquiera de sus princesas; mientras Don Carlos, con actitud ominosa, y sin levantar la mirada demostraría al muchacho su destreza con el arma rebanando la fruta en el aire.
Había ensayado el diálogo cientos de veces en su mente, y disfrutaba las mil caras de angustia que ponían cada uno de los pretendientes imaginarios mientras cedían a la fuerza de su presencia. Estaba determinado a dejar muy claro que con las hijas del doctor Montealegre nadie iba a jugar.
Sin embargo, la vida tenía otros planes.
Hacía ya un año desde que su esposa lo había abandonado llevándose con ella a las niñas. Había escuchado que la mayor tenía ya un novio, la niña no quería presentarlos, al menos con esta, su oportunidad había pasado.
Con las luces bajas y la nectarina en  la mano, Carlos recordaba de nuevo aquel día, cuando sobre el escritorio de roble inglés, encontró en su libreta de apuntes el lápiz sobre la nota:

"Estoy cansada de vivir en un museo. Me voy.

Doris.

P.D. Siempre fui yo la que comía al otro extremo de la mesa".

Friday, October 10, 2014

El guionista acudió a la cita antes del entierro

El guionista acudió a la cita antes del entierro. No podía dejar de ir, a fin de cuentas fue por ese proyecto que Magda había ido a entregar el manuscrito, y fue mientras hablaba con ella por teléfono para asegurarse de la entrega, que salió aquel niño de la nada. Un grito, un frenazo, un golpe seco... el niño se salvó.
Fue todo muy rápido, no hubo tiempo de pensarlo mucho, y ahora le costaba enfocarse en la cita. Tenía que salir todo bien. tenía que darle sentido a la muerte de Magda... Magda...Un grito, un frenazo, un golpe seco...
_Pase señor Gutiérrez lo están esperando.
_Si, señorita... muchas gracias.
Debería de estar en el entierro, debería darle ese último Adiós.
_Pase adelante caballero. Tome asiento por favor.
_Muchas gracias Señor.
_Recibimos su manuscrito señor...
Un grito, un frenazo, un golpe seco...
_¡Magda!¿Estás bien? ¿qué pasó?¡Magda, contestame por Dios!
_¿Señor?
Magda, yo nunca quise... no... necesito despedirme, decirte adiós.
_Señor... sobre el manuscrito
_Lo siento, simplemente hoy no puedo.